La Casa Blanca ha anunciado que el nuevo coronavirus se originó en una fuga de un laboratorio.
Los lectores de esta columna reconocerán una vez más que mi comentario había dado en el clavo.
También deben saber que, en este asunto, mis argumentos fueron los más agudos, severos y llenos de ira justificada, más que los de cualquier otra persona en el mundo.

